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Vallenato Bella Musica Colombiana

LA PUYA:

La Puya y el Merengue en su patrón rítmico y armónico son iguales. La diferencia está en su concepción melódica; en el ritmo, en la música y naturalmente en la interpretación que se haga, propia de cada pieza. Así la Puya, tiene una marcación en los bajos de 2 x 2 y a veces, de 2 x 1 en ciertos pasajes de la interpretación.
El acordeón la caja y la guacharaca se tienen que ejecutar con bastante habilidad debido a la misma rapidez del ritmo. De éste ritmo se puede decir que siempre fue utilizado para la jocosidad del pueblo.  Sus letras se refieren por lo general al mismo folklore y son muy contadas las ocasiones en que éstas son tristes ya que dicha rapidez no se presta para ello.
 
LA PIQUERIA:

Sin ser un aire vallenato, la piquería o reto de coplas, se constituyó en el más efectivo molde de creación y propagación del vallenato. La Piquería es el duelo cantado entre dos o más personas, en el cual las armas de los contrincantes no son otra cosa que la inteligencia y su natural disposición para desafiar y responder en cuartetas o décimas (versos de cuatro o diez palabras, como se le conoce en la región.)

Anteriormente la Piquería era el enfrentamiento de dos o más acordeoneros, que se desafiaban a duelo verbal, con verso hiriente, burlón y sarcástico, echando mano a la improvisación para hacer brillar las virtudes personales y de paso, los defectos de los adversarios. En este duelo musical se llegaban a ofender las más delicadas intimidades de su oponente con tal de someterlo al ridículo público y conquistar el titulo de Mejor en la Piquería. Era tal la pasión por la Piquería que los músicos se retaban "a distancia" en cantos que volaban de boca en boca donde se aclaraba hora, fecha y lugar de la contienda que muchas veces se perpetuaron en cantos inmortales, como es el caso de la Gota Fría, del Maestro Emiliano Zuleta Baquero.

La historia del vallenato registra piquerias legendarias, como las de Francisco Moscote Guerra (el verdadero Francisco el Hombre) y Abraham Maestre; el mismo Abraham Maestre y Cristóbal Lúquez; Víctor Silva y Octavio Mendoza; Emiliano Zuleta y Chico Bolaños; Samuelito Martínez y Germán Serna; Samuelito y Náfer Durán (%ABlarga y fea -según Samuelito-, donde hubo hasta privados y heridos); Eusebio Ayala y Luis Pitre (miembro de una respetada dinastía de músicos); Octavio Mendoza y Eusebio Ayala; Eusebio Ayala y el Mocho Mon, un 15 de mayo en Rincón Hondo.

LAS DECIMAS

Después de la conquista y una vez producida la fusión tri-étnica tanto en lo físico como el musical, la décima se incorporó al canto de toda la Costa Atlántica Colombiana, donde sus cultores la asimilaron e imprimieron un estilo propio que hoy pervive.

Considerada como un verdadero alarde de ingenio y talento, la décima es la combinación métrica de diez versos octosílabos que van rimando, en perfecta armonía y consonancia, el primero con el cuarto y el quinto; el segundo con el tercero; el sexto con el séptimo y el décimo; y el octavo con el noveno. Admite puntos o dos puntos después del cuarto verso y no los admite después del quinto. La décima vallenata, particularmente, tiene por lo general tres estrofas de diez versos cada una y a veces cuatro estrofas, siempre precedidas por una estrofa de cuatro versos llamada "cabecilla", la cual contiene un resumen o insinuación del tema.

INTERPRETES:

El cantador vallenato tradicional es el máximo deleite de las gentes y gran exponente de la identidad cultural de esta patria. Sencillo, espontáneo y digno del folclor, habla el lenguaje del pueblo y, con características que lo hacen único  en su genero en el mundo latinoamericano, no solo canta interpretando los sentimientos sino que al mismo tiempo refiere chistes regionales, improvisa versos, prodiga saludos, lanza entre una y otra estrofa refranes de profunda filosofía popular.
 
Cuando el acordeón era interpretado solo, sin más acompañamiento, el acordeonero asumió el papel de cantador por espacio de varias décadas hasta cuando definitivamente surgió el cantador vallenato que se integró de manera definitiva, a  la organología vallenata para hacer que este canto recuperara el esplendor de tiempos pasados.

Citar a los interpretes vallenatos es una tarea difícil, si no se quiere dejar a nadie importante por fuera, pues han sido tantos y tan talentosos, que es fácil caer en omisiones.

Entre los trovadores cabe destacar a  León Carrillo, Cristóbal Lúquez, Abrahan Maestre, Agustín Montero y Francisco Moscote (Francisco El Hombre).
Entre los primeros cantores figuran Luis Pitre, Fortunato Peñaranda, Chico Bolaños, Eusebio Zequeira, Chico Sarmiento, Juan Muñoz, Ramón Zuleta, Carlos Araque, Juancito López, Fortunato Fernández, el negro Ayala, Fulgencio Martinez y Francisco Rada.

 
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